Las aventuras de Konnan

En los tiempos donde todavía existían amenazas en las aguas, como el leviatán rosado, o mientras los grandes primates seguían avanzando por las praderas, organizarse como especie era mucho más fácil. En ese momento, todos querían lo mismo, ocuparse de esas grandes amenazas que preocupan a todos

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1. Los Lulos
2. El encanto de la flor
3.
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Los Lulos

Los soles brillaban en los confines del espacio conocido y los habitantes del planeta Serón disfrutaban de las bonanzas de la vida y la relativa calma con la que se vivía en sus tierras.

Se trata de un exoplaneta rocoso, donde predominaban los paisajes acuáticos y las praderas, siendo considerado uno de los planetas más apropiados para el desarrollo de la vida, donde se dio paso a la evolución de unas criaturas extraordinarias.

Los Lulos, habitantes del planeta, eran una divertida raza anfibia que logró imponerse sobre los demás animales del planeta gracias a su capacidad de sobrevivir tanto en agua como en tierra, excavando madrigueras híbridas donde podían protegerse de todo tipo de amenazas.

Fue así como con el pasar del tiempo fueron desarrollando herramientas propias, tanto para optimizar la productividad, como para defender sus tierras de depredadores u otros clanes que intenten sobrepasarse. Sin dudas, un claro ejemplo de vida inteligente en pleno desarrollo.

Ahora, lo único que los Lulos tenían por delante, era la disputa por el liderazgo social. De momento los lulos se agrupaban en pequeños clanes de unos 50 miembros en promedio, y si bien eran todos muy alegres y felices, los sabios de cada clan sabían que la paz no podía postergarse demasiado tiempo.

Nadie tenía dudas sobre que en los próximos meses, una guerra entre diferentes clanes de los lulos iba a ser algo inevitable. Si bien entre todos habían tenido que trabajar para asegurar la supremacía de la especie sobre los demás animales, eso ya había quedado en el pasado y había llegado el momento en que uno de ellos tomara el liderazgo de toda la especie.

Además, era necesario que uno se impusiera para definir cuáles iban a ser los nuevos objetivos generales, en donde focalizar los esfuerzos de todas las tribus y cómo organizarse. Algo que los tenía a todos completamente preocupados, teniendo en cuenta que los sabios nunca antes habían estado tan en desacuerdo.

En los tiempos donde todavía existían amenazas en las aguas, como el leviatán rosado, o mientras los grandes primates seguían avanzando por las praderas, organizarse como especie era mucho más fácil. En ese momento, todos querían lo mismo, ocuparse de esas grandes amenazas que preocupan a todos.

Por su parte, en los últimos meses, nadie se podía poner de acuerdo, y los clanes más importantes ya habían comenzado a tejer importantes alianzas para proteger sus intereses.

Por un lado, los lulos de los pantanos, que tenían la esperanza de que la especie lograra avanzar tierras adentro y ganar mayor espacio para la agricultura sustentable y recolectar frutos avanzando sobre las praderas. Pero para ello, necesitaba que como especie unieran sus esfuerzos en desarrollar nuevos vehículos que optimizaran la capacidad de transporte por tierra.

Por otro lado, los Lulos de las profundidades, que querían que la especie se organizará bajo el los mares y pudiera seguir creciendo aprovechando las bonanzas de las aguas. Pero para ello, iban a necesitar que los esfuerzos de los ingenieros se invirtieran en nuevos vehículos sumergibles y sofisticadas armas que pudieran utilizarse en las profundidades oceánicas.

 

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La guerra era inevitable, pero pese a eso los Lulos continuaron viviendo en absoluta paz y armonía, incluso sabiendo que estaban prontos a enfrentarse. Un claro ejemplo de esto, es el caso de un lulo que se desempeñaba como herrero, pero que hasta el día del combate continuó vendiendo armamento que iba a ser utilizado en su contra.

Se trataba de una rivalidad muy hermosa, donde todos respetaban las ideas de los demás, pero que de igual manera estaban dispuestos a matarse por lo que creían correcto.

Llegado el día, todos los guerreros se habían formado para la batalla, las pesadas armaduras se calentaban bajo los ardientes soles de su pequeño planeta, hasta el momento en que los generales dieron la voz de ataque.

Ambos ejércitos se lanzaron al combate con gran velocidad y ferocidad, pero pese a todo ello, nadie iba a morir ese día, porque en el momento en que las espadas estaban próximas a derramar sangre, un portal se abrió justo en medio del campo de batalla y de él salió un pequeño enano.

Todos los lulos se replegaron y retrocedieron ante semejante aparición mágica. En ese momento, todo el campo de batalla permaneció en silencio hasta que finalmente el chamán de la tribu se hizo presente y fue al encuentro del recién llegado.

Se trataba de Konnan, el experimento 632 a quien la doctora Carmen dotó de habilidades para viajar por el espacio. Solo que hasta ese momento nadie lo sabía.

El terror del enano era equivalente al de todos los lulos, ya que no era para nada fácil aparecer en un planeta de anfibios super evolucionados a punto de disputarse la supremacía de la especie.

Tras presentarse el gran chamán, Konnan le explicó que no sabía cómo es que había llegado hasta ese lugar. – Lo último que recuerda es que la doctora Carmen estaba haciendo experimentos genéticos y empleando diversas herramientas para sus propósitos – explicó Konnan.

En ese momento el chamán se frotó sus branquias tratando de comprender la situación, al tiempo que analizaba sus palabras y veía sus vestimentas y apariencia.

Finalmente llamó a ambos generales y les explicó que la guerra se postergaba por tiempo indeterminado por una situación de fuerza mayor.

– Pero ya estamos todos listos para la guerra, y cómo sabrás la misma es la única forma de garantizar la correcta evolución y organización de nuestra especie – reprocho uno de los generales.

Pero el chamán se puso firme y explicó que en vistas de esta nueva aparición, necesitaban reordenar las ideas y ver si podían obtener nueva información que les permitiera descubrir cuáles eran los mejores caminos a seguir para seguir evolucionando como especie.

Fue así como los generales dieron la voz de regresar al cuartel donde todos juntos brindarían por un día más de vida. Así fue como todos ellos festejaron y rompieron filas, dejando el campo de batalla.

Los que estaban más frustrados con esta situación eran los mismos sabios, ya que uno de ellos estaba destinado a ser el próximo chamán en función a quienes lograran imponerse en el campo de batalla.

Pero al mismo tiempo, también estaban intrigados respecto a Konnan y la información que podrían llegar a extraerle.

Interrogando al alienígena

Si bien Konnan oficialmente estaba preso y restringido de su libertad, lo cierto es que el muchacho experimentó tratos mucho más agradables de los que estaba acostumbrado. Simplemente se le indicó los lugares del pueblo en los que podía estar y que tanto podía alejarse antes de ser considerado prófugo de la justicia.

Y cada tarde durante dos horas, Konnan era llevado a una especie de auditorio, donde todos los sabios lo escuchaban mientras el gran chamán le hacía diferentes preguntas.

Durante semanas hablaron sobre tecnologías, experimentos, ciencia, política y hasta matemáticas, muchísimo conocimiento que les permitió a los Lulos avanzar rápidamente en diferentes aspectos.

Fue así cómo Konnan se fue ganando el respeto entre los lulos que lo comenzaron a venerar como si fuera un dios. Nada mal para un niño de 12 años.

A tan solo algunas semanas de su llegada las ciudades de los Lulos se habían expandido en gran medida, la información aportada por Konnan les permitió expandirse por agua y por tierra en paralelo, dejando en claro que se trataba de una civilización que en unos pocos años iba a lograr cosas fantásticas.

1.
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Pero todo eso cambiaría en una mañana donde Konnan salió a recorrer la ciudad. Caminaba por las calles y veía solo progreso a su alrededor. Construían carreteras, maquinaria agrícola y viviendas, entre muchas otras cosas, parecía que el progreso iba a ser infinito.

Tras largo caminar, se acercó a lo que parecía un restaurante donde se le ofreció una selección de platillos del mar y frutas. – Me encantaría, pero no traigo dinero – dijo Konnan.

– ¿Qué es dinero? – Preguntó el cocinero.
– Ya sabes, dinero, ese recurso con el que los individuos deben pagar por bienes y servicios – Respondió Konnan con inocencia.
– Nosotros simplemente ofrecemos los bienes y servicios ya que de esa forma todos tendremos acceso a más prestaciones. El intercambio es lo que nos hace crecer como pueblo y si necesitamos algo simplemente lo pedimos. – Explico.
– ¿Pero qué pasaría si alguien no realiza un aporte significativo por el progreso y quiere acaparar todo lo producido por los demás? Eso generaría escasez, y sin dinero ¿Cómo se sabría quién tiene prioridad para quedarse con las cosas? – preguntó el enano confundido.

Konnan agradeció su platillo y se fue comiendo mientras seguía recorriendo la ciudad, al tiempo que el cocinero se quedó pensando en lo que ocurriría con él en caso de una posible escasez. La idea cambió la expresión de su rostro.

A la mañana siguiente, cuando Konnan despertó las calles de la ciudad habían cambiado por completo. Los lulos ya no estaban trabajando, los talleres estaban completamente cerrados y había quienes padecían hambre en las calles.

– ¿Qué pasó? le preguntó a uno de los sabios que circulaba por el lugar.
– Konnan que suerte que despertaste, pasó algo muy extraño esta mañana – le respondió y posteriormente le explicó todo lo ocurrido.

Jeff, el cocinero encargado de distribuir alimentos, despertó y comenzó a pedir una cantidad inusual de herramientas. Los lulos son muy entusiastas y cuando alguien pide materiales y herramientas las ceden inmediatamente porque saben que eso significa mayor progreso para la civilización, más producción y más felicidad.

Pero lejos de detenerse con algunas herramientas y materiales, continuó pidiendo más y más recursos, pero en vez de utilizarlos para construir algo, simplemente los almaceno. – Explicó el sabio.

Naturalmente eso comenzó a generar faltantes entre los demás lulos, pero Jeff les explicó que no iba a darles ningún material ni alimento a quienes no pagarán por ellos, asegurando de que esa iba a ser la única forma, en la que se iba a garantizar que todos trabajen por igual, y no obtengan más recursos de los que realmente merecían.

En un momento a todos les pareció algo justo, sin embargo, siendo que Jeff ahora controla casi la totalidad de todos los materiales y herramientas, solo se puede trabajar para él. – agregó el sabio.

– ¿Y por qué no lo hacen? pregunto Konnan con inocencia.
– Si lo están haciendo – explicó – solo que como ahora Jeff es el único que puede ofrecer dinero, de forma que todos los lulos solo pueden trabajar para él y eso le permite pagar salarios muy bajos que apenas alcanzan para sobrevivir.

Konnan se mostró muy confundido, las calles estaban mucho más hostiles, había quienes dormían en las calles y comenzaban a padecer hambre. En cierto modo se veía mucho más parecido ahora a su planeta natal.

El enano caminaba por las calles de la ciudad, y todo daba una gran tristeza, familias enteras durmiendo en las plazas, lulos revolviendo la basura para alimentarse, las fábricas ya no funcionaban y los ingenieros que escaseaban también estaban recorriendo las calles en busca de empleo.

Finalmente, uno de los generales que también estaba en la calle identificó a Konnan y rápidamente alertó al resto de los lulos que estaban reunidos en la plaza.

– Ese es, sus ideas son las que arruinaron nuestro planeta, hay que asesinar a ese muchacho. – Exclamó el general. No había dudas de que era una raza a la que le gustaba solucionar todo con violencia.

Konnan se alarmó al ver a la multitud correr en su dirección y comenzó a escapar de ella. Por suerte, los lulos eran anfibios y sus cuerpos no eran tan eficientes para correr como lo eran para nadar, pero los enanos tampoco son los mejores corredores.

Fue así como se realizó una persecución en cámara lenta, donde todo un planeta hambriento estaba dispuesto a asesinar al enano al que consideraban el origen de todos los males.

Habría sido una verdadera carnicería, pero en el momento en que estaban a punto de atraparlo para despellejarlo, un gran resplandor dio lugar ante los ojos de todos los lulos y el enano se desvaneció en el espacio.

2.
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El encanto de la flor

Tras un pequeño shock, Konnan despierta nuevamente en un nuevo planeta. En este caso se trataba de una vasta selva.

Por suerte se trataba de un lugar aparentemente desierto donde pudo recuperarse de la persecución. Konnan estaba exhausto, y un poco preocupado por el futuro de esos adorables anfibios.

El muchacho aprovechó el momento de calma para bañarse un poco en el río, beber agua y comer fruta fresca. Una vez se le pasó el susto optó por salir a explorar.

Había enormes cantidades de fruta, una atmósfera agradable y abundante agua. Parecía muy extraño que el planeta se encontrará completamente desierto.

Pero por mucho que buscara, parecía estar completamente solo. Fue así como tras explorar por algún tiempo, simplemente se refugió entre unos arbustos y se acostó a dormir.

Cuando el muchacho despertó se encontraba en un lugar completamente diferente, había caminado río arriba durante toda la noche. Él se sorprendió un poco, nunca antes había sido sonámbulo, pero no pareció darle mucha importancia, después de todo el planeta parecía ser apto para la vida sin importar en qué lugar se encontrara.

En el segundo día Konnan decidió fabricarse un pequeño refugio con un techo más apropiado ya que la humedad era tanta que el rocío de la noche era muy similar a una pequeña llovizna. Levantó un pequeño techo fabricado con hojas de palma, y piso bien la superficie para aplanar la hierba de forma que pueda servirle de refugio.

No obstante, al poco tiempo comenzó a darle sueño al muchacho quien optó por dormir una pequeña siesta, lo que no esperaba era que una vez más despertara en un sitio muy alejado.

No sabía dónde estaba, pero cada vez que quedaba dormido el aire parecía oler un poco más dulce. Estaba completamente confundido. Un planeta lleno de vegetación, completamente vacío, pero donde había sonambulismo.

Konnan no se preocupó mucho, pero de todas maneras decidió que lo mejor iba a ser explorar el lugar en busca de alguien que pudiera ayudarlo a regresar a su hogar.

Por eso, camino por algunos minutos hasta encontrar un enorme árbol que supera ampliamente en altura al resto. Lo trepo para ver si lograba identificar un claro entre tanta vegetación, pero lo que vio fue algo mucho más sorprendente.

Se trataba de una enorme planta a varios kilómetros de distancia, que se encontraba cubierta de enormes flores púrpuras. Su tamaño era simplemente aterrador.

Fue así como optó por ir a ver de qué se trataba. A juzgar por las distancias parecía un viaje de unos tres días como mínimo.

En la medida que fue caminando hacia la planta, Konnan se sentía cada vez más confundido, más mareado y el aroma dulce se hacía cada vez más presente.

Al mismo tiempo, parecía que a cada momento su necesidad de dormir aumentaba significativamente, aunque él mismo se resistía a acostarse, ya que quería llegar lo antes posible.

Llegado el momento, su cuerpo ya no pudo resistir y se acostó a descansar por algunos segundos, pero el cansancio era tanto que automáticamente se quedó dormido.

Al despertar, Konnan se dio cuenta que su cuerpo estaba en movimiento. Había caminado durante todo ese tiempo y para cuando despertó ya podía ver que la base de la planta se encontraba muy cerca.

Su vista estaba un poco nublada, pero se recuperó lentamente, incluso comenzó a ver movimiento. Eran una especie de civilización organizada que vivía junto a la planta. Konnan se mostró feliz por unos instantes, pero la emoción le duró muy poco.

– Corre pequeño, escapa de esta tortura – Dijo uno de los nativos corriendo en direccion contraria, mientras que todos sus compañeros continuaban trabajando, ignorandolo por completo.

Konnan intentó saludar a la colonia, pero nadie parecía escucharlo, era como que cada uno de ellos estuviesen sordos, o más extraño aún, como si cada uno de ellos estuviera en su propio mundo.

Konnan intentó saludar, o acercarse a ellos, pero era inutil. Después de tanto insistir el muchacho optó por sentarse en contra de la planta y descansar por un momento.

¿Por qué se sentía tan cansado si recién se había despertado?

3.
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– ¿Por qué estaba tan asustado ese sujeto? y de que estaba escapando – pensó. Pero antes de llegar a una conclusión, vio que el el tipo que le había advertido del peligro ya estaba regresando, aunque con una expresión cambiada.

Sus ojos apenas entreabiertos, su paso uniforme y expresión mucho menos expresiva. ¡Estaba sonámbulo!

Entonces se fue cuando se dio cuenta, todo el mundo era sonámbulo en ese lugar. El miedo lo invadió por completo, pensó en escapar, en salir corriendo rápidamente, pero fue inutil, estaba tan cansado que Konnan simplemente cayó dormido.

Cuando despertó, estaba completamente cubierto de polen, había caminando dormido una vez más. ¿Qué es todo esto? se preguntó.

En ese momento, uno de los humanoides que se encontraba a su lado se percató de que el enano estaba despierto.

– Veo que has despertado – le comenta uno de los trabajadores que se encontraba a su lado. Se trataba de una especie de reptil, bípeda, pero al mismo tiempo parecía estar cubierto de una fina capa de cabellos que cubrían su cuerpo.
– ¿Dónde estoy? ¿Qué es todo esto? – pregunto precipitado Konnan.
– Este es el planeta Nerón, nosotros somos Arkanianos, una pequeña civilización alienígena que vino a hacer reconocimiento al planeta y lamentablemente hemos quedado atrapados. Y temo que tú sufrirás la misma suerte – le respondió.
– ¿Atrapado en qué sentido? ¿Son esclavos? – pregunto Konnan confundido, al ver que no había nadie que les impedía escapar.
– Es la planta, respondió el reptil inteligente. Nos tiene hipnotizados, ella todo el tiempo libera una sustancia química que nos hace sentir cansados, y por otro lado nos obliga a trabajar mientras dormimos.
– ¿A trabajar? ¿qué estamos haciendo exactamente? – preguntó Konnan confundido.
– La estamos polinizando. Llevamos polen de unas flores a otras, con el fin de mejorar la genética de sus semillas. Básicamente estamos construyendo este enorme bosque en el que vivimos – respondió.
– ¿Y no se puede escapar? – Necesito salir de aquí.
– Lo hemos intentado, de hecho, quién sabe cuántos años llevamos aquí. Pero sin importar cuanto corramos, tarde o temprano dormiremos y caminaremos camino contrario hasta regresar. Su poder es muy fuerte.
– ¿Y la nave espacial en la que han llegado? – preguntó con ánimos. – Quizá podamos intentar llegar hasta ella, al ser hermética, en su interior deberíamos ser inmunes a su poder.
– Ya lo intentamos, pero está río abajo, a seis días de aquí. Nadie en este lugar puede permanecer despierto por tanto tiempo, por más de que lo intentemos.

Konnan quiso continuar con la charla, pero el reptil ya estaba muy cansado, de forma que se recostó en la planta, – por cierto, mi nombre es Drago y sol el capitán de esta tripulación – es todo lo que pudo decir, antes de levantarse sonámbulo y comenzar a trabajar como todos los demás.

Era todo muy extraño, una civilización inteligente reducida a simples polinizadores.

Konnan al ver esa lamentable escena se sintió horrorizado, tanto así que intentó escapar, por lo que corrió con todas sus energías en busca de escapar de esa enorme planta. De esa forma, se lanzó en contra de la frondosa selva, no se detuvo a comer ni a beber en ningún momento y empleó todas sus fuerzas en escapar.

Lamentablemente, mientras más se alejaba más pesados se hacían sus pasos, comenzaba a sentirse cansado y el sueño lo invadía por completo.

¿Cuánto había podido avanzar? ¿15 kilómetros? ¿20 tal vez?

Eso de poco importaba, la noche caía y el cuerpo de Konnan le exige dormir, y entre más sueño le daba, más le apetecía cambiar de rumbo y caminar hacia la flor.

Fue así como lentamente dejó de escaparse, y se sumergió en un profundo sueño. Finalmente cuando despertó, estaba nuevamente cubierto de polen, trabajando entre las flores de esa enorme planta.

Cuando se percató de que todo había sido en vano y que nuevamente estaba ahí se sintió atrapado, y dio lugar a un sentimiento muy similar a la claustrofobia.

No había dudas de que había caído bajo el efecto químico de esas flores púrpuras. Pensó en escapar corriendo nuevamente, pero sabía que eso iba a ser inutl.

Por otro lado, se sentía con hambre y mucha sed, de forma que prefirió emplear su tiempo “despierto” para comer y beber algo antes de que nuevamente se quedara dormido.

Recorrí el lugar y elegí las mejores frutas para comer, también aprovecho a beber suficiente agua fresca. Eran frutas deliciosas, esa enorme planta si sabía lo que estaba haciendo.

Había logrado esclavizar a una tripulación de 50 reptiles inteligentes, y sin necesidad de utilizar ninguna cadena – Pensó el muchacho.

Los siguientes días después de eso pasaron como quien está atrapado a una rutina, se despertaba, comía algo, hablaba con los trabajadores del lugar, trataba de hacer algo que le permitiera conservar la cordura y luego comenzaba a trabajar en un estado de transe.

Día tras día, nuevas flores aparecían, y los trabajadores estaban ahí para polinizarlas. Habían pasado semanas, ¿meses quizá?

Al principio intentaba con todas sus fuerzas escaparse, pero con el pasar del tiempo se fue resignando a vivir completamente esclavizado.

Hasta que un día, hablando con drago llegó a la conclusión de que no eran más que esclavos sin cadenas. Algo que lo dejó pensando profundamente.

4.
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– Cadenas – Se repitió a sí mismo, mientras miraba el río con cara de haber descubierto algo nuevo.

Su compañero arkaniano le preguntó qué estaba tramando y le pidió que le compartiera el plan.

Konnan lo miró con una ancha sonrisa en su rostro y le explicó que iban a necesitar un bote.

Fue así como Konnan comenzó a explicarles a todos que la única forma de escapar de ese lugar iba a ser resignando la poca libertad que les quedaba y empleando su tiempo libre para construir un barco y posteriormente encadenarse a él.

De esa forma, luego solo habría que echar el bote río abajo y esperar algunos días antes de desatarse en las cercanías de la nave. La misma se encontraba tan lejos, que lo más probable, era que las flores púrpuras no podrían hacerles nada a esas distancias.

Se trataba de un plan increíble, él mismo logró acaparar la atención de todos, y nadie quiso quedar fuera.

Al poco tiempo, todos se pusieron manos a la obra. La idea requería de un barco de considerable tamaño para que los pudiera albergar a todos, por lo que había que comenzar a trabajar, sin perder nada de tiempo.

Sin dudarlo un segundo, todos los presentes optaron por trabajar aún más horas, con el propósito de poder escapar.

En un principio había quienes despertaban del trabajo y se encontraban con un grupo de personas trabajando en un bote, algo que los confundía en gran medida, sin embargo siempre había alguien despierto que les explicaba el plan y los convencía de ponerse manos a la obra.

A medida de que se acercaba el final de la obra, los trabajadores se comenzaban a preguntar ¿quién iba a ser el encargado de atarlos a la embarcación? Ya que quien lo hiciera no iba a poder amarrarse posteriormente a la nave y por lo tanto quedaría condenado a quedarse trabajando en solitario.

La misma se trataba de una pregunta que no encontraba solución, pero que no impedía que los arkanianos junto a Konnan siguieran trabajando en el proyecto.

Los meses pasaron, y el cuerpo de todos los presentes ya se encontraba completamente fatigado y al borde del colapso, trabajaban día y noche, incluso en horas de sueño, se trataba de algo que de seguro estaba perjudicando la salud y el humor de todos los presentes, haciendo que diferentes peleas den lugar casi que a diario.

De todas maneras nadie dejó de trabajar por ni el más mínimo segundo. Había quienes cortaban madera, otros que diseñaban la embarcación, mientras que otros se encargaban de amarrar los troncos siguiendo el diseño, empleando unas fuertes lianas que crecían en el lugar.

No había dudas de que todos estaban aferrados a una última esperanza de volver a sus hogares.

Lentamente, el proyecto se fue materializando, y el resultado fue simplemente magnífico. Incluso, se levantó un enorme mástil central, desde el cual iba a instalarse una gran vela, siendo esta un enorme pétalo de flor púrpura, que los iba a ayudar a dejar esas tierras.

Llegado el día, todos los presentes se pusieron de acuerdo con el horario de partida, el objetivo, era que todos coordinen sus horarios de sueño y de trabajo, para que todos pudieran estar despiertos en un mismo momento, para poder zarpar todos juntos.

Para el día anterior a emprender el viaje, los 75 tripulantes habían coordinado dormirse en simultáneo, para que tras despertar del trabajo, todos juntos irían rumbo a la embarcación, que los llevaría nuevamente hasta su nave espacial.

El plan resultó tal cual lo planeado, tras polinizar a la flor durante toda la noche, llegado el amanecer, todos comenzaban a despertar y automáticamente ponían rumbo hacia la nave.

Cada persona que iba llegando se sentaba junto al mástil, donde eran amarrados uno al lado del otro. Si bien lo más centrado era comer y beber algo antes de subir, todo el mundo se precipitaba a ser amarrado, ya que todos eran conscientes de que el último no iba a tener quien lo amarrara.

En tan solo las primeras 2 horas, ya el 80% de los tripulantes estaban completamente amarrados, aunque Konnan y el capitán seguían polinizando la flor.

Ambos se habían quedado trabajando juntando fruta fresca para que todos los tripulantes pudieran comer algo antes de embarcarse, y por eso es que les costaba un poco más despertar.

Finalmente, cuando ambos despertaron, ya era demasiado tarde. Toda la tripulación estaba amarrada esperando que alguien liberara los amarres del barco. El único que aún no estaba amarrado era el primer oficial de la nave que había estado haciendo los nudos.

– Capitán, todos están amarrados señor, será imposible que se desaten en por lo menos 4 días. Estimo que en ese tiempo el barco ya debería estar lo suficientemente lejos de la flor como para liberarnos de sus sustancias, Señor. – Le informo a quienes habían planeado todo este plan.
– Muchas gracias Oficial ¿algo más que me quieras decir? – Le preguntó el capitán que ya había abordado el barco junto al bajito.
– Siempre he sido fiel a mi puesto, capitán, pero tengo una familia que me espera. – Le respondió su primer oficial, con lágrimas en los ojos, sabiendo que alguien no iba a ser amarrado, siendo que solo quedaban 3 personas libres.
– Siempre has sido fiel a tu puesto, y puedes quedarte tranquilo, ya que volverás a casa. – Le respondió el capitán, al tiempo que tomaba la cuerda para comenzar a amarrarlo.

Konnan ayudó al capitán a amarrar a su oficial, y una vez este ya estaba completamente asegurado, ambos se dispusieron a soltar las amarras del barco, y a desplegar las velas para que la embarcación pudiera comenzar a alejarse de esa planta que los había esclavizado por muchísimo tiempo.

5.
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– De seguro ya encontrarás otra raza de alienígenas para que te polinice – pensó el capitán.

Muy difícil saber cuánto tiempo pasaron esclavizados. Si bien Konnan había estado tan solo algunos meses, el resto de la tripulación había pasado largos años trabajando en la polinización de esa planta, moviéndose de flor en flor como pequeñas abejas.

Entre Konnan y el capitán, siguieron tripulando la nave durante algunas horas, asegurándose de que todo continúe fiel a su rumbo, pese a que en algunas horas ya no iba a haber más nadie que pudiera conducir esa embarcación.

Incluso, ya comenzaban a percatarse de que algunos tripulantes comenzaban a dormirse y a ponerse inquietos con ansias de regresar a trabajar. Por suerte, el primer oficial había hecho un trabajo increíble con los nudos, y no iban a poder liberarse tan fácilmente.

Finalmente el capitán se acercó a Konnan y le dijo – Muchacho, ambos sabemos que en algunas horas el sueño comenzará a invadir nuestros cuerpos, y que tan solo uno de los dos va a poder continuar navegando junto a la tripulación, mientras que el otro deberá regresar a trabajar en las enormes flores.

– Tienes razón – dijo Konnan – deberíamos sortear a ver quien es el que seguirá el viaje y quien el encargado de realizar el amarre. – respondió el enano.
– Eres muy valiente pequeño y joven muchacho, pero sabes que lo más conveniente es que tu puedas volver a tu casa, después de todo yo ya soy mayor, mientras que tu tienes toda la vida por delante.
– Pero ni siquiera conozco el camino a casa, no sabría a dónde ir – respondió Konnan. – Tu eres quien debe abordar su nave y volver a casa.
– Cómo ya he dicho muchacho, que hayas diseñado este plan, y que hayas puesto a salvo a una tripulación que yo mismo puse en peligro, es un alivio muy grande para este viejo corazón. No me alcanzan las vidas para agradecerte esto que has hecho, de forma que no me perdonaría saber que te quedas aquí tú solo. – Le explicó el capitán.

En este punto de la conversación, todos los tripulantes comenzaron a dejar caer algunas lágrimas, mientras que ellos se precipitaron a ser amarrados, un niño de 12 años y el capitán, se peleaban para que fuese el otro quien pudiese salvarse.

Konnan también se negaba a aceptar el privilegio de ser amarrado y ser él quien quedará libre de todo peligro. – Tú todavía tienes familia, seres queridos, una vida y la posibilidad de volver a casa. A mi ya no me queda nada. – Respondió muy triste Konnan. – Ni siquiera sé a donde estoy – agregó.

Fue así como ambos se resistieron a ser amarrados, hasta que finalmente optaron por acudir al azar. – Sería absurdo que ambos perdamos nuestras vidas, siendo que uno puede salvarse, ¿por qué no dejamos todo en manos del destino? – Preguntó el capitán.

Konnan le dijo pidió que sin importar quien fuera elegido, iba a tener que mantenerse fiel a la decisión del destino. Ambos aceptaron el trato, y el capitán sacó una moneda de su bolsillo.

Konnan tomó la moneda, la vio cuidadosamente por ambos lados. – Si sale “cara” aceptas ser amarrado, y si es “cruz” yo seré quien te amarre. – dijo el enano, quien tiró la moneda al aire.

Cuando la moneda cayó, la suerte ya había tomado una decisión, era cruz y eso significaba que Konnan iba a tener que atar al capitán.

– Me diste tu palabra – Le dijo Konnan, y el Capitán le estrechó la mano con mucho orgullo y dolor.
– Eres un joven muy valiente muchacho, contamos tu historia por generaciones, y serás venerado por toda nuestra gente. – Se despide el capitán, mientras se sentaba junto a su tripulación.

El enano realizó el amarre con toda su fuerza, mientras era guiado por el capitán del barco que le explicaba lo que debía hacer.

Una vez finalizado el nudo el enano tomó la moneda y se fue donde el timón, para que el barco avance sin golpear la costa durante algunas horas más. El sueño ya comenzaba a invadir su cuerpo, pero iba a mantenerse despierto todo el tiempo que le fuese posible, para garantizar que la tripulación esté lo suficientemente lejos, para el momento en que todos hayan podido liberarse de sus amarres.

Cuando ya casi estaba dormido, el capitán comenzó a hacer berrinches, – Cara aceptó ser amarrado y si era cruz era él quien hacía los amarres – se repitió el capitán, un poco confundido.

– ¡Me has engañado, de ambas formas eras tú quien perdías! – Se quejó el capitán, lo que hizo reír a Konnan que ya estaba a punto de caer dormido.
– Realmente no esperaba que cayeras en eso – le respondió el enano.

Ambos rieron por unos minutos, y se quedaron hablando durante algún tiempo más, hasta que finalmente el capitán, como todos los otros tripulantes, cayó completamente dormido.

Cuando despertó, Konnan ya no estaba. Muchos lamentaron que el enano de seguro ya estaba nuevamente trabajando en la flor, donde iba a pasar el resto de su vida, mientras que otros, aseguraban que lo habían visto desvanecerse en el aire, justo antes de caer dormido.

Finalmente la tripulación llegó a su nave, y con ella pasaron cerca del lugar donde se encontraban las flores hipnóticas, pero no pudieron ver al enano y tampoco querían quedarse ahí por mucho tiempo.

Desde entonces, la teoría de que el muchacho se desvaneció en el aire comenzó a tomar mayor fuerza, mientras que otros llegaron a convencerse de que Konnan nunca había existido o que murió de regreso a la flor.

Lo que nunca supieron, es que Konnan realmente era capaz de transportarse por el espacio y que desde entonces comenzó a recorrer el universo en busca de nuevas aventuras.

6.
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Continuará...
Muriel Bertolini Moura

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